Cassius Marcellus Clay Jr, nacido en Kentucky en 1942, fue rebautizado el 6 de marzo de 1964 por el líder del grupo Nación del Islam, Elijah Muhammad, como “El Amado de Dios”: Muhammad Ali. Con dicho nombre, este icónico boxeador se convirtiría en la leyenda más grande del boxeo, siendo el referente de millones de personas e impactando en la vida de quienes conocía de manera casi mágica.

Quien no hubiera querido tener una historia con Ali para contarle a sus nietos?

Miguel Ángel Páez, un boxeador argentino nacido en “La Perla del Atlántico” o “La Feliz”, como se conoce a la turística ciudad balnearia llamada Mar del Plata, la tuvo. Una historia que aún es motivo de orgullo y nostalgia de aquellas épocas.

Páez fue un quíntuple campeón argentino nacido el 25 de abril de 1940, que acumuló en su carrera un total de 97 combates (59 victorias, 22 derrotas y 19 empates). A pesar de que no tuvo la trascendencia de otros boxeadores argentinos, quienes lo conocieron hablaban de sus grandes dotes boxísticas. En 1968 y durante cuatro meses consecutivos, la destacada revista neoyorquina Boxing Illustrated lo tuvo entre los diez mejores pesos pesados del mundo junto a otros tres de sus paisanos: Oscar “Ringo” Bonavena, Eduardo Corletti y Goyo Peralta.

En los primero días de noviembre del año 1971, la vida de Miguel Ángel Páez y Muhammad Ali se entrecruzarían, lógicamente, sobre un ring.

Alí llegó a Argentina por primera vez, traído por un empresario llamado Héctor Méndez y auspiciado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9. Fue una gira promocional muy fugaz, que duró tan solo 42 horas. Ya en Buenos Aires, Alí participó en un programa televisivo, compró pinturas en una galería de arte y visitó un Centro Islámico donde comentó: “Estoy entre mis hermanos, lamento no poder quedarme a rezar, pero se me hace tarde”.

El motivo central del viaje era realizar un combate de exhibición. La sede elegida fue el Estadio del Club Atlanta y el rival, el marplatense Páez. Hacía apenas un año que se le había retirado a Alí la suspensión que Estados Unidos le había impuesto por su negación a sumarse a las Fuerzas Armadas. Por ese entonces además, no era campeón mundial (había perdido sus campeonatos ante Joe Frazier y los recuperaría ante George Foreman poco más de tres años después).

La exhibición con Páez duró solo cinco asaltos. Algunos recuerdan que durante la pelea, Alí realizo una especie de farsa, al simular caer en la lona, así como también algunos de sus “bailecitos” típicos a los que Páez respondió de igual manera, con picardía.

Al marplatense, además de quedarle la histórica imagen de aquel encuentro y la experiencia de haberse medido ante “The Greatest”, recibió un gran elogio: al bajarse del ring, Alí pregunto: “¿Quién es este tipo?”. Sin dudas había quedado sorprendido por las habilidades de su rival. En ese momento, Páez tenía ya 31 años. Al enterarse de esto, Alí replicó: “Qué lástima! Si hubiese sabido antes me lo llevaba conmigo, ahora ya es grande”.

Por algo pasan las cosas, en tiempo y espacio. Los creyentes dirán: “los tiempos de Dios son perfectos”. Y seguramente así sea. Quien sabe que hubiera sido de la vida de Páez si este encuentro con Ali se hubiera dado antes y hubiera tenido la posibilidad de irse con él. Será una eterna incógnita. Lo cierto, es que este encuentro representó el momento más importante en dicho boxeador argentino, a quien posteriormente le llegaría la gran chance de enfrentarse a George Foreman en Oakland, en 1972.

Páez, quien falleció en el año 1998 a la temprana edad de 57 años, no fue el único que atesoró esta historia. Sus familiares y amigos la recuerdan con gran admiración y cariño, y son los encargados de transmitirla, para que esta “Historia con Ali” no se pierda en el olvido.

Por Irene Deserti

Fotos: Cortesía Mariano Páez

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