Por Felix Pozos

Inicia una nueva década, vivimos el principio del 2021 con una incertidumbre natural después del fatídico 2020, año que traía consigo algo especial cuando daban las campanadas. Lo recibimos con bombo y platillo, pero conforme fue avanzando se convertiría en odiado por no permitirnos llevar la vida como acostumbrábamos, sin embargo, con todo lo negativo, hubo algo muy bueno ¡el streaming! que se consolidó en los placeres de la cotidianidad, nos transportó a vivencias únicas desde la comodidad de nuestro hogar.

Gracias a las plataformas digitales recordamos momentos icónicos de nuestra adolescencia, cosas olvidadas a las que bastó con darle play para desprendernos por un momento de lo desagradable del entorno, y como no hacerlo si al ver “Rompan Todo” producida por Netflix nos hizo revivir cuando enardecíamos en las “tertulias” al ritmo de “Persiana americana” o “Clavado en un bar”, documental que nos permitió apreciar entre tantos rockeros al genio Andrés Calamaro.

En ocasiones parecería que los rockeros no adoptan gustos por otros aspectos de la vida, más que por la música, pero el caso del “Salmón” es distinto, siendo entrevistado en su estudio tomando mate, veíamos de fondo el costal de box, un poco maltratado debido al gusto por el pugilismo.El exvocalista de “Los Rodriguez” accedió a una charla para Olé Argentina en la que el entrevistador le cuestionó su afición por el boxeo, a lo que Andrés respondió que le gusta aprender y se lamenta no haber iniciado antes a practicarlo, inclusive menciona que es entrenado por Martín Coggi, hijo del ex campeón mundial y que a uno de los boxeadores que más admira en la actualidad es a Mikey García.

Calamaro respeta a quién ejerce la profesión de boxeador, así como sabe y entiende el porqué de que un boxeador pueda ir de una categoría a otra como lo hizo el Canelo Álvarez de las 160 a las 168 libras: “Si Canelo y su equipo han decidido invadir la división de las 168 libras, después de haber conquistado las 160, es porque ya vieron una oportunidad invaluable”. Esta declaración la generó para ESPN y habla de quién no sólo es espectador de grandes carteleras.

El bonaerense nos regaló unas líneas en su página de Facebook hablando de Mike Tyson, le rinde pleitesía a uno de los pesos pesados más dominantes que hayamos visto en el ring, en dicho escrito nos permite entrever como lo marcó cuando atestiguó la derrota de Iron Mike a manos de James “Buster” Douglas, momento en el que el de Brooklyn perdería el invicto. Este evento fue tanto lo que generó, que no solo sucumbió a Calamaro, también lo hizo con Brandon Flowers vocalista de la banda de rock “The Killers” que le dedica una canción a dicho evento titulada Tyson vs Douglas.

El rock y el box viven similitudes, el crecimiento del rock latino se da por momentos turbios a los que la sociedad fuimos sometidos, fue una declaratoria de guerra al ambiente político y se utilizó como medio de expresión, al igual que el boxeo se emplea como deporte para subsistir, para apoyar a la familia. Se podría decir que ambas prácticas son herramientas para salir de las profundidades en las que estemos inmersos y cuando se conjugan suelen ser combinaciones letales, bombas auditivas que nos llevan a parajes irreales.

En Latinoamérica el boxeo y el rock son religiones, son cunas de surgimientos de campeones mundiales, de seres supremos que nos transmiten con movimientos de cintura, ganchos, uppercuts, letras y música su sentir de la vida, de cómo esquivar o generar melodías que nos ayuden a encontrar en ellos la inspiración para cuando sea necesario construir o resurgir como ave fénix.Así que cuando busquemos a la felicidad, nada mejor que ponernos los guantes al ritmo de “Sin Documentos”.

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