El 23 de noviembre, el boxeo quedó de luto tras conocerse la muerte de Vanes Martirosyan, a los 39 años, luego de una dura batalla contra el cáncer. Su partida estremeció a un deporte que todavía valora la vieja escuela: compromiso, trabajo silencioso y respeto por el rival. Exretador mundial y referente armenio-estadounidense, Martirosyan construyó una carrera sin artificios, confiando más en el gimnasio que en el marketing.
La familia emitió un comunicado en el que lo recordó como “un esposo amoroso, un padre devoto, un alma bondadosa y un hombre que dejó una huella en todos los que lo conocieron”. Un retrato que dice más que cualquier récord.
Hoy, el mundo del boxeo despide no solo a un pugilista, sino a un hombre íntegro. Que descanse en paz.





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