Efervescente, irreprimible, con un sentido del humor tremendo y una generosidad inolvidable; hemos perdido al gran Rubén Castillo a los 68 años. No es edad para dejar este mundo, pero dejó su huella. Todo aquel que lo conoció sonríe y atesora recuerdos invaluables: dio lo máximo en el ring y fue un amigo maravilloso fuera de él. Rubén era pura diversión, un rebelde con causa, un guerrero del ring.
En el boxeo actual, Rubén ciertamente sería campeón mundial. Tuvo la mala fortuna de pelear en una era dorada, enfrentando sin miedo a Salvador Sánchez, Juan LaPorte, Alexis Argüello y Julio César Chávez. Con Juan se hizo gran amigo, y con Julio compartió bromas y respeto mutuo. En su carrera profesional de 67-10-2 con 35 KOs, que abarcó de 1975 a 1997, peleó con astucia, valor y voluntad de hierro. La afición lo adoraba, sabiendo que daba absolutamente todo.
Su combate contra Julio César Chávez fue una demostración de coraje: pese a un corte en el párpado y fracturas en el pómulo y las costillas, Rubén atacó con valentía, jugando su todo en cada asalto. Siempre fue un boxeador ofensivo, arriesgando y mostrando su carácter único.
Fuera del ring, Rubén brilló como analista televisivo, compartiendo su conocimiento, ingenio y humor con los fanáticos. Padre de seis hijos y esposo de Cindy, fue un hombre generoso y un amigo valioso. Su amistad con Julio y Juan fue pura magia, momentos de risa y humanidad que quedarán para siempre en la memoria de todos.
Rubén era capaz de inspirar, provocar sonrisas y mostrar grandeza. Rubén era boxeo, pero también mucho más que eso.
Descansa en paz.
Más historias
Nasukawa y “Gallo” Estrada: choque de juventud y experiencia en Tokio
“Pitbull” Cruz busca grandes rivales y no descarta subir a welter para enfrentar a Ryan García
Adames vs Williams: título mundial en juego el 21 de marzo