Shakur Stevenson escribió una página mayor este sábado en el Madison Square Garden, al vencer por decisión unánime a Teófimo López y arrebatarle los títulos superligeros WBO y de The Ring. Las tarjetas, 119-109 las tres, reflejaron una pelea de control absoluto y confirmaron a Stevenson como campeón mundial en una cuarta división.
La diferencia no se explicó por un golpe ni por pasajes dramáticos, sino por una ventaja construida round a round, sin urgencias ni riesgos innecesarios. Desde el inicio, Stevenson impuso desplazamientos laterales, control de distancia y una selección exquisita de golpes, obligando a López a perseguir una pelea que nunca estuvo donde la necesitaba. Para el tercer asalto, cada intercambio leve ya se inclinaba del lado del boxeador de New Jersey, no por volumen, sino por precisión y lectura.
A mitad del combate, la esquina de López pidió un giro: más agresividad y combinaciones largas. El problema fue que Stevenson no necesitó cambiar nada. Cada intento fue leído, neutralizado y castigado antes de volver al centro del ring. Del sexto al octavo, Teófimo tuvo sus mejores momentos, especialmente en el octavo, pero incluso allí la diferencia conceptual se sostuvo. La cortada en su ceja izquierda terminó de reflejar una noche cuesta arriba.
El noveno asalto fue una síntesis del combate y los rounds de campeonato solo confirmaron lo ya escrito. López se plantó en el duodécimo con la última esperanza, pero no fue una cuestión de voluntad sino de capacidad frente a un rival que jamás perdió el control. Stevenson incluso aceptó intercambiar en el cierre, aunque fiel a su estilo: sin regalar el round ni el dominio. No necesitó nocaut ni urgencias. Ganó con una claridad que lo sienta en la mesa grande del boxeo actual.
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