El próximo 13 de junio, el invicto Jesse Rodríguez buscará seguir agrandando su nombre cuando desafíe a Antonio Vargas por el título mundial gallo WBC en el Desert Diamond Arena, en Glendale, Arizona.
Rodríguez (23-0, 16 KOs) no sólo sube de división: va por un objetivo que separa a los buenos de los especiales. El texano quiere convertirse en campeón mundial en tres categorías, respaldado por un presente demoledor y una memoria reciente muy favorable en Arizona.
Allí mismo, Bam firmó una de sus actuaciones más contundentes al noquear técnicamente a Sunny Edwards en diciembre de 2023 para unificar el peso mosca. Pero su vínculo con el estado viene de antes: en 2022 conquistó su primer título mundial ante Carlos Cuadras, y en 2024 reafirmó su dominio en supermosca venciendo a Juan Francisco Estrada.
Ese triunfo ante Estrada fue apenas el inicio de una racha feroz: cuatro victorias consecutivas por nocaut que incluyen nombres como Pedro Guevara, Phumelele Cafu y el argentino Fernando Martínez. Un recorrido que lo posiciona, sin exagerar, entre los mejores libra por libra del momento.
Del otro lado estará Vargas (19-1-1, 11 KOs), un boxeador que llega con menos cartel, pero con una oportunidad de oro. A sus 29 años, el texano radicado en Florida sabe que esta pelea puede cambiarlo todo: ser el primero en vencer a Bam lo catapultaría directamente a la élite.
Vargas viene de un camino algo irregular en lo administrativo, ascensos, defensas frustradas y un empate ante Daigo Higa. Es campeón mundial y pudiera incomodar si logra imponer su ritmo.
“Nueva categoría, mismos objetivos: dominar y ganar todos los cinturones”, avisó Rodríguez, dejando en claro que no piensa ir de paseo.
Vargas, por su parte, no se achica: reconoce el talento de su rival, pero asume el desafío con mentalidad de campeón. Y en este deporte, esa convicción suele ser el primer golpe.
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