El boxeo pierde algo más que a un comentarista: pierde criterio. Murió Eduardo Lamazón a los 69 años, y con él se va una de esas miradas que ordenaban el caos del ring con precisión y sentido.
Nacido en Argentina, llegó a México a los 23 años invitado por José Sulaimán Chagnón y terminó construyendo allí una vida entera. Fue secretario ejecutivo del Consejo Mundial de Boxeo durante más de dos décadas y, desde ese lugar, participó en decisiones que marcaron una época. Más tarde, su voz se volvió familiar para millones en las transmisiones de TV Azteca, donde cada tarjeta suya no solo puntuaba: enseñaba.
Lamazón no buscaba agradar, buscaba ser justo. Y en un deporte donde la polémica es moneda corriente, su palabra funcionaba como referencia. Rigurosidad, claridad y un conocimiento profundo del reglamento hicieron de su análisis una herramienta para entender el boxeo, no solo para verlo.
En sus redes quedó su última carta. No habló de despedida, sino de pausa. Agradeció a México como su casa y al público por haberlo acompañado durante décadas. Cerró fiel a su estilo: “Diez puntos para todos ustedes”.
Se fue una voz. Queda, para el que quiera escuchar, una manera de mirar el boxeo con respeto por sus formas y sus reglas. En tiempos de ruido, eso no es poco.
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