En la ANB Arena de Riad, Arabia Saudita, Juan Pérez, conocido como El Güerito de Tepito, levantó por primera vez la mano en el boxeo profesional. Su debut fue ante el ugandés Barker Ssewanyana, un rival de 31 años, fuerte, corpulento y con evidente potencia física, aunque incapaz de imponer un ritmo que incomodara la energía y el orden del joven capitalino de apenas 16 años.
En su esquina estuvo José Benavidez, quien desde el inicio marcó una estrategia clara: avanzar, tomar el centro del ring y trabajar con decisión. El joven lo ejecutó con disciplina, mostrando un boxeo sencillo pero efectivo: dominio con la izquierda, combinaciones limpias y una derecha que aparecía cuando debía aparecer.
Sin embargo, el debut vino acompañado de un torrente de críticas y dudas que el público no tardó en manifestar. Algunos sectores consideran que el joven está “inflado”, que su nivel real aún no se puede medir y que la victoria frente a un rival accesible no basta para proyectarlo como una futura estrella.
Otros señalan que su promoción acelerada perjudica al boxeo mexicano, argumentando que muchos jóvenes talentosos, con más hambre y recorrido, quedan relegados mientras figuras con mejor respaldo o relaciones avanzan más rápido. También surgieron críticas sobre su apodo, afirmando que este responde más a una estrategia de imagen que a una pertenencia real al barrio. En el mismo tono, otros aseguran que su ascenso en el amateur estuvo marcado por decisiones arbitrales cuestionables y por el impulso de patrocinadores influyentes.
Pero junto a estas objeciones también aparecieron voces más moderadas. Hay quienes reconocen que el joven tiene buenas condiciones, que mostró temple en su debut y que, con trabajo serio y sin caer en un exceso de confianza, podría construir una carrera respetable. Para ellos, el punto clave no es su origen ni su marketing, sino su capacidad para no perder el piso y evitar que las expectativas externas lo consuman antes de tiempo.
Y es que en este deporte nadie le perdona el éxito a nadie. El boxeo vive de pasiones intensas: la admiración es grande, pero la crítica también. Pese a ello, El Güerito se ganó su oportunidad arriba del ring y no la desaprovechó. Demostró carácter, lucidez y ganas de hacer su propio camino. Lo seguiremos de cerca, deseándole siempre éxito y esperando que su evolución sea guiada con compromiso, trabajo y verdadera disciplina.



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