La expectativa es alta y el contexto, inusual. No es frecuente que un debut profesional sin una carrera amateur resonante sea presentado como atracción semiestelar en una cartelera televisada. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrirá este sábado cuando Jimuel Pacquiao, hijo del legenadario Pacman se suba por primera vez a un ring rentado para enfrentar a Brendan Lally, en un duelo a cuatro asaltos dentro de la categoría ligero. La velada será transmitida por ESPN desde la medianoche y tendrá lugar en el Pechanga Resort Casino de Temecula, California.
La jornada marcará también el desembarco de Manny Pacquiao Promotions en los Estados Unidos. Manny, atento y presente, ocupará un lugar privilegiado en el ringside. Pero esta vez no protagonizará la acción: será espectador del primer paso profesional de su hijo mayor.
Ese debut llega en un momento particular para la familia. Jimuel fue padre esta misma semana, convirtiendo a Manny en abuelo por primera vez. Y a la vez, el joven filipino carga con el desafío de imponer su propia identidad boxística frente al también debutante Lally. El apellido abre puertas, sí, pero también exige demostrar que hay algo más detrás de él.
El calendario familiar y deportivo tiene un ritmo intenso: pasaron apenas 133 días desde que Manny Pacquiao, campeón en seis divisiones, pusiera fin a un receso de cuatro años para empatar con Mario Barrios en Las Vegas, disputando el título wélter del WBC. El multicampeón ya proyecta un nuevo combate para principios de 2026, cuando ya haya cumplido 47 años.
En medio de ese universo de historias, la noche del sábado será enteramente de Jimuel. Sin estridencias, sin promesas exageradas y sin otro respaldo que sus propias manos, buscará ofrecer una presentación sólida ante un rival que llega sin ventaja ni presión añadida.
Es su primera prueba. El inicio de un camino que deberá escribir golpe a golpe, consciente de que el apellido Pacquiao atrae miradas… pero no garantiza victorias.




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