Este sábado en Glendale, Arizona, dos mexicanos con mentalidad de hierro se disputan la supremacía de las 130 libras. No hay punto medio. No hay espacio para dudas. Solo uno saldrá como rey.
El campeón mundial IBF, el mochitense Eduardo Núñez, conocido como “Sugar”, se enfrenta al monarca WBO, el mexiquense Emmanuel Navarrete, el siempre impredecible “Vaquero”. Dos campeones, dos cinturones, y sin dudas, una guerra anunciada.
Núñez llega con un impresionante 93% de efectividad noqueadora. Es potencia estructurada, disciplina aplicada al castigo, presión calculada. Su boxeo es dinamita en los puños.
Navarrete, con 82% de nocauts, representa otra clase de amenaza: volumen, resistencia y una violencia que desordena cualquier libreto. Es incómodo, incansable y peligroso incluso cuando parece desajustado. Su estilo rompe ritmos y obliga al rival a pelear fuera de zona segura.
Ambos practican el estilo mexicano, pero a su manera. Uno es precisión y contundencia; el otro, caos controlado y resistencia probada. La combinación promete explosión desde el primer asalto.
Las apuestas están divididas. No podría ser de otra forma en un choque entre dos de los noqueadores más efectivos del boxeo actual. El vencedor no solo unificará, también dará un paso firme hacia la consolidación como referente absoluto de la división.
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